(Florencia, 3 noviembre 1500 13 febrero 1571)
Platero, marfilista y escultor en bronce, italiano. Quebrantando la voluntad de su padre se dedicó a la orfebrería y como tal formó parte del séquito del Papa Clemente VII, después de haber aprendido el oficio con Francisco Castoro de Siena y Pierino Piffero de Florencía. El Papa citado le favoreció y con los encargos que le hizo alcanzó gran fama por toda Italia, antes de cumplir los treinta años. En medallas, cálices, monedas, joyas, y en centenares de objetos, puso de relieve su arte único e incomparable. Llevó una vida llena de aventuras, lances y duelos, teniendo que huir diversas veces de Roma, Florencia, Venecia y Ferrara. Fué a París, donde trabajó para Francisco I en algunas obras destinadas a Fontainebleau. De regreso a Florencia en 1545 halló un protector en Cosme de Médicis para quien fundió su magnífico «Perseo», hoy en la Logia de los Lanzi, su obra culminante, de la que decía Miguel Angel que se consideraría muy feliz si pudiera decir que era él quien la hubiera hecho. Fuer un genio en su arte, pero por su carácter violento, cínico e inmoral despertó grandes odios.
