(Pontevedra, 1576 - Valladolid, 22 enero 1636)
Las primeras noticias sobre este escultor español aparecen en 1605. cuando por encargo de Felipe III trabajaba en el Cristo yacente del Palacio Real de Valladolid, que más tarde fué trasladado al convento de capuchinos de El Pardo y luego a la Parroquia del Buen Retiro de Madrid. En Valladolid fué discípulo de Francisco del Rincón, escultor de gran nervio, y de Valladolid hizo su patria adoptiva. Entre las figuras de los «Pasos» conservados en el Museo vallisoletano, es difícil precisar cuáles son debidas a Gregorio Hernández y cuáles a sus discípulos. Allí están el «Cristo de la Luz», «El Bautismo de Cristo», «Los Dos Ladrones», «La Piedad», etc. La característica de todas sus obras es la belleza ultraterrena. Conoció bien la anatomía humana, sin caer en exageraciones, sino depurando este conocimiento por un fino sentido artístico, profundamente religioso.
