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(Castillo de Bignon, 9 marzo 1749 - París, 2 abril 1791)

Hombre de Estado, orador y escritor francés. Demagogo y aristócrata. Distinguióse por su amor a las instituciones liberales, pero se puso al lado del trono cuando vio a la monarquía amenazada por la revolución. Desde el primer día de su elección en la Asamblea, su influencia fue enorme, pues era uno de los más grandes oradores de su tiempo, hasta el punto de imponer todas sus opiniones. No hubo sesión en que no presentase algún proyecto, y sólo faltó a la Asamblea el día en que falleció su padre. Fue enemigo de La Fayette. Apreciando en conjunto su intensa labor política, puede decirse que «quiso hacer revolucionaria a la monarquía y monárquica a la revolución», según Proudhon. Agotado por los excesos y por la disipación, no pudo soportar el excesivo trabajo que se impuso, y falleció cuando se esforzaba en sostener el trono del desventurado Luis XVI. Publicó «Discursos» y «Ensayo sobre el despotismo». Fue enterrado en el Panteón; trescientas mil personas formaron en el fúnebre cortejo. Dos años más tarde se descubren sus juegos y traiciones. Y un decreto dispone que los restos mortales de Mirabeau sean sacados del Panteón y arrojados a la fosa común.