(Madrid, 20 enero 1716 14 diciembre 1788)
Al morir Fernando VI sin sucesión, su hermano Carlos, que reinaba en Nápoles, ciñó la corona de España, dejando aquel reino en manos de su hijo Fernando. En los comienzos de su reinado, Carlos III prosiguió la política filofrancesa de sus antecesores, firmando el llamado Pacto de familia, de carácter ofensivo y defensivo, con el rey de Francia. Esa alianza tuvo fatales resultados para España, ya que atrajo la agresión inglesa hacia nuestras colonias americanas. Inglaterra persiguió nuestro comercio marítimo y se apoderó, por algún tiempo, de La Habana y de Manila. En política interior, la actuación de Carlos III fué altamente progresiva, casi sin excepción: regularizó los tributos del Estado; favoreció el ahorro, con instituciones bancarias; fomentó el trabajo, construyendo grandes obras públicas; urbanizó y saneó las ciudades; protegió la cultura en todos los órdenes y reorganizó el Ejército y la Marina. Ayudáronle en esta labor hombres tan competentes como Esquilache, Floridablanca y el Conde de Aranda. A este último hay que achacar la expulsión de los jesuítas. Carlos III encarna a la perfección la idea de un «gobernante ilustrado», en boga por entonces en Europa: anhelante del bienestar social, y del progreso científico, cultural y económico de la nación.
