(Granada, 5 mayo 1826 - Madrid, 11 julio 1920)
Emperatriz de los franceses, hija de los condes de Montijo, de Teba, y duques de Peñaranda, se casó con Napoleón III en enero de 1853 y durante su reinado jamás la corte de Francia había llegado a tal grado de esplendor. Era por su encanto, simpatía y amabilidad, el centro de las fiestas en Compiègne, Fontainebleau y SaintCloud; al mismo tiempo, su espíritu, su caridad y la pureza de sus costumbres la llevó a fundar el Orfanato Eugenia-Napoleón, el asilo para convalecientes, una Caja para inválidos; protegió a la infancia, transformó las cárceles de los niños en granjas avícolas, indultó 3000 procesados políticos, visitó a enfermos, incluso los contagiosos de cólera. En 1855 visitó con su esposo, en Londres, a la reina Victoria. En 1856 nació el príncipe heredero, fué regente desde esta fecha hasta 1859, mientras su esposo estaba en Italia. Partidaria de la independencia de los Estados Pontificios, logró que Napoleón III mantuviese las tropas francesas en Roma, y nuevamente fué regente en 1865 y en 1870. En 1869 viajó a Oriente para inaugurar el Canal de Suez. Después del desastre de Sedán y aconsejada por Lesseps y por Metternich, el 4 de septiembre marchó de Francia: era el año 1870. En 1873 muere Napoleón, y, en 1879 su hijo, el príncipe Eugenio Luis, en África luchando contra los zulús. Eugenia entonces se estableció en Farborough, Inglaterra, y visitó varias veces España. Fué, en su juventud, mujer de gran belleza, inmortalizada por los pinceles de Winterhalter, y de suma cultura. Supo soportar con gran entereza las duras pruebas que sufrió en su vida, casi centenaria.
