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(Atenas, 7527 - Lesbos, 803)

Su familia era humilde, pero su belleza y dotes morales atrajeron al emperador León IV. Durante el periodo que reinó como regente de su hijo, Constantino VI, se mostró resuelta defensora del culto de las imágenes y reprimió la insurrección eslava de Macedonia y Grecia. Al divorciarse el emperador para casarse con Teodora, logró Irene destronarle, castigándole con  la pérdida de la vista. Desde entonces gobernó libremente, pero su política influida por los eunucos, fué desacertada; firmó una paz desventajosa con Harumn-al-Raschid, y por último una revolución palaciega la destronó.