(Illueca, 1328 - Peñíscola, 1423)
Segundo papa de la línea de Aviñón en época del Gran Cisma de Occidente. Nacido de una gran familia aragonesa, estudió y se doctoró en la Universidad de Montpellier, de la que luego fué profesor. Por su ciencia y pureza de vida fué nombrado cardenal por Gregorio XI, en 1375. Es bastante responsable de la continuación del Cisma por su actitud cuando fue elegido por el Cónclave. A la muerte de Clemente VII fué elegido para sucederle, suponiendo que aceptaría el cese, para la disolución, del cisma. Pero una vez elegido, Benedicto renunció a abdicar un poder que según decía le venía de Dios, apoyando su doctrina con su gran ciencia canónica y su gran arte de diplomacia.
Condenado por el Concilio de Constanza como perjuro, herético y cismático, se refugió en Peñíscola, abandonado de todos los cristianos, en donde continuó actuando como papa, excomulgando los cardenales que le abandonaban y creando nuevos. Murió a sus noventa y cuatro años y su cadáver fué llevado a Illueca en donde tuvo que permanecer encerrado en una sala del castillo durante dos años a causa de la excomunión, hasta que fué profanado por los franceses al entrar en la ciudad.
