(Soana, hacia 1020 - Salerno, 25 mayo 1085)
Se llamaba Hildebrando y era de origen probablemente germánico. Fué el alma de la reforma de la Iglesia en el siglo XI, llamada <<reforma gregoriana». Moralista sobre todo, jurista, político, teólogo, se esforzó por suprimir la simonía (tráfico de beneficios) y otros vicios que corrompían al clero. Cinco pontífices encontraron en Hildebrando el consejero sabio y prudente, siendo durante veinticinco años el alma del Papado. Fué elegido Papa el 22 de abril de 1073. Sus relaciones con Enrique IV, emperador de Alemania, amistosas al principio, se tornaron en 1075 insostenibles por la cuestión de las Investiduras, que ya habían sido condenadas por el Papa, a pesar de lo cual Enrique continuaba otorgándolas. A las amonestaciones del Papa, Enrique contestó con la Dieta de Vorms, que depuso a Gregorio VII, cosa que indispuso al emperador con numerosos príncipes; deseando verse libre de la excomunión que pesaba sobre él, solicitó su perdón en Canosa. Una vez absuelto, no cumplió las condiciones impuestas por el Papa, siendo de nuevo excomulgado y produciéndose una encarnizada pugna, que dió como resultado la prisión de Gregorio VII en el castillo de Sant'Angelo. Retirado a Salerno, murió, fiel a la gran idea de toda su vida de libertar la Iglesia, pronunciando al morir estas palabras: «Amé la justicia y aborrecí la iniquidad: por eso muero en el destierro».
