(Amiens, 1050 - Neufmontier, 2 julio 1115)
Se retiró para servir a Dios en la vida eremítica, después de enviudar, y en 1093 fue a Tierra Santa donde, conmovido por el deplorable estado a que se hallaban reducidos los cristianos, concibió el pensamiento de libertarlos. A este fin habló primero con Simeón, patriarca de Jerusalén, y se dirigió al Papa Urbano II, después de haber tenido un sueño en el que le pareció ver que Cristo le mandaba que predicara a los cristianos la necesidad de redimir los Santos Lugares. Aconsejado por el Papa, predicó una Cruzada por toda Europa convenciendo con su elocuencia a la multitud. Logró reunir un ejército de hombres, mujeres y niños que al grito de «¡ Dios lo quiere!» se lanzaron a la conquista. Godofredo de Bouillon le dió el mando de esta abigarrada multitud creyendo prudente alejarla de su ejército. Su abstinencia era extrema, comiendo sólo legumbres y pescado y bebiendo un poco de vino para sostener sus fuerzas. A pesar del entusiasmo que despertaba, era mal capitán y fracasó su empresa guerrera, permaneciendo en Jerusalén como vicario durante la ausencia del patriarca. Vuelto a Europa, terminada su misión, fundó el Monasterio de Neufmontier, que gobernó como prior hasta su muerte.
