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(Oporto, 1394 - Sagres, 1460)

Infante de Portugal, hijo de Juan I y de Felipa de Lancaster, fué cuidadosamente educado; acompañó a su padre en la expedición a Ceuta, donde combatió con tanto ardor que Don Juan creó para él el ducado de Coimbra. Fijó su residencia en Tercena Naval (hoy Sagres), lejos del bullicio de la corte, con la idea fija de surcar el océano para nuevos descubrimientos. Sus arriesgadas expediciones causaron gran recelo en el Papa y en Enrique V de Inglaterra; pero Don Enrique había puesto todos sus pensamientos en el mar y así fueron descubiertas las islas de Porto Santo, Madera y el archipiélago de las Azores; pero era el mar Tenebroso el que le interesaba principalmente, y sus sueños se fueron realizando; doblóse el cabo Bojador, se descubrió Río del Oro, Tánger, cabo Blanco, cabo Verde, etcétera. De la Escuela Naval que él creó en Sagres surgieron los descubridores de las nuevas rutas y tierras citadas, que fueron Bartolomé Perestrello, Vaz Tejeira, Gonzalves Zarco, Gonzalo Velho Cabral, y Gonzalves Baldaya, todos impulsados por Enrique, el Navegante. Apasionado por la Cosmografía, fué un excelente matemático; aplicó el astrolabio a la navegación e inventó las cartas planas.