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(Greenwich, 21 junio 1491 - Londres, 28 enero 1547)

Subió al trono en 1509, sucediendo a su padre, Enrique VII Tudor. Casó con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Siguió una política de acercamiento a España, especialmente a Carlos V, que luego dirigió, a raíz de la victoria de Pavia, hacia Francisco I. Su celo en la persecución del luteranismo le valió del Papa el titulo de «Defensor de la Fe»; pero se separó de la Iglesia Católica para fundar el «Anglicanismo», iglesia independiente, por no haber obtenido de Roma el divorcio que solicitó para casarse con Ana Bolena. Casó sucesivamente con seis mujeres, a dos de las cuales mandó decapitar. Cruel y vicioso, gobernó como un verdadero déspota. Le sucedieron sus hijos Eduardo VI, hijo de Juana Seymour, María Tudor, nacida del primer matrimonio, y, por último. Isabel, hija de Ana Bolena. A pesar del sombrío cuadro que se deduce de los caprichos amorosos y de las pasiones del rey, éste fué para Inglaterra la clave de su futura hegemonía.