(Halicarnaso, hacia 485? a. de J.C.)
Historiador griego, considerado el primero del Occidente, al que se ha denominado «el Padre de la Historia». Tomó parte en las luchas políticas de su patria. Pasó a Atenas, donde se relacionó con los hombres más ilustres, dando a conocer sus primeros trabajos históricos. En 444 a. de J.C. se domicilió en Turium, haciendo de esta ciudad su segunda patria. Viajó por Atenas, Chipre, Egipto, Fenicia, Persia, etc. Su obra, que los alejandrinos dividieron en nueve libros, dando a cada uno de ellos el nombre de una Musa, tiene por objeto narrar las luchas entre bárbaros y helenos y las dos grandes guerras persas, con una unidad más bien épica que histórica. En Heródoto andan constantemente unidos el historiador y el geógrafo, mereciendo ser colocado en primer lugar en la serie de investigadores y pensadores. Su obra es, desde luego, una vasta y completa síntesis de todos los conocimientos históricos y geográficos de su época, donde describe además el estado religioso, político y moral de los países que entran en el relato.
(Perdriel, 1834 -| Buenos Aires, 1886)
Poeta argentino. Hijo de estancieros vivió en la Pampa y su infancia y adolescencia. Más tarde fue soldado, periodista, político, funcionario y diputado constitucionalista. Vivió la libre de los «gauchos», se ocupó en sus escritos de problemas políticos y sociales y en «La Instrucción del Estanciero» propugnó la asimilación del elemento indígena. Es autor, sobre todo, del popular «Martin Fierro», obra que resume el llamado ciclo gauchesco. Fué publicada en 1872 y gozó de una popularidad sin precedentes en Hispanoamérica, vendiéndose miles de ejemplares del mismo. Recoge en él al hombre de la pampa, rudo y sentimental, perseguido y peleador, con sus refranes y acciones. Según Unamuno, es «de todo lo hispanoamericano, lo más hondamente español. Las monótonas décimas del poema harán sentir a los payadores pamperos, sin saberlo ni poder darse cuenta de ello, que les brota del lecho inconsciente del espíritu ecos inextinguibles de la madre España, ecos que con la sangre y el alma les legaron sus antepasados españoles...». Encierra, además del habla gauchesca, tan parecida a la popular española, un gran tesoro de refranes y sabiduría del pueblo, y puede entroncarse con las canciones y romances españoles trasplantados por los conquistadores con características propias adaptadas a un ambiente y espíritu originales. Se divide en dos partes, con cuarenta y seis cantos en total.
(Pontevedra, 1576 - Valladolid, 22 enero 1636)
Las primeras noticias sobre este escultor español aparecen en 1605. cuando por encargo de Felipe III trabajaba en el Cristo yacente del Palacio Real de Valladolid, que más tarde fué trasladado al convento de capuchinos de El Pardo y luego a la Parroquia del Buen Retiro de Madrid. En Valladolid fué discípulo de Francisco del Rincón, escultor de gran nervio, y de Valladolid hizo su patria adoptiva. Entre las figuras de los «Pasos» conservados en el Museo vallisoletano, es difícil precisar cuáles son debidas a Gregorio Hernández y cuáles a sus discípulos. Allí están el «Cristo de la Luz», «El Bautismo de Cristo», «Los Dos Ladrones», «La Piedad», etc. La característica de todas sus obras es la belleza ultraterrena. Conoció bien la anatomía humana, sin caer en exageraciones, sino depurando este conocimiento por un fino sentido artístico, profundamente religioso.
(Santiago de Cuba, 22 noviembre 1842 - Condé-sur-Vesgres, 3 octubre 1905)
Poeta francés de origen criollo; descendiente del conquistador Pedro de Heredia, su madre era francesa. En París estudió en la Escuela de Diplomática y asistía a tertulias literarias. Publicó sus primeros versos en la Revue de Paris y colaboró en otras varias. En pocos años alcanzó mucha fama y fundó un periódico: Le Parnasse. Publicó sus versos con el título de «Los Trofeos>> y fué elegido miembro de la Academia francesa. Su obra no es muy abundante, pero de gran calidad; cultivó principalmente sonetos. Tradujo al francés la «Historia de la Conquista de Nueva España», con sabios comentarios críticos y filológicos, tradujo también «Juan Soldado>> de Fernán Caballero y «La Monja Alférez». Editó «Las Bucólicas» de Virgilio.