(Maguncia, hacía 1400 - 1467)
La tradición atribuye a este impresor alemán la invención de la imprenta. Descendiente de una familia de patricios, nada se sabe en concreto de su juventud, hasta que en marzo de 1434 se presenta al alcalde de Estrasburgo. Ejerció de impresor y poseía una prensa y varios moldes. El taller pasó a ser propiedad de Juan Fust, por no poder saldar Gutenberg la cuenta que le adeudaba. Aunque no en taller propio, continuó dedicándose al arte de la imprenta dirigió la famosa obra titulada Catholicon, de Juan de Ganua, que se publicó en 1460, Se acogió a la protección del Obispo de Maguncia. El trabajo más importante que realizó, fué la «Biblia>> llamada <<de las cuarenta y dos líneas>>, número de que constan las columnas. Se le debe también la mayor parte de la composición del «Salterio>>, obra famosa que se atribuía exclusivamente a Fust y a su yerno Schoefer.
(13 febrero 1886 - París, 11 noviembre 1927)
Poeta y novelista argentino. De familia de ricos estancieros de la pampa, vivió la existencia cosmopolita de los americanos de París lo que da un curioso equilibrio a su obra, a la vez muy europea y muy argentina, muy moderna y tradicional. Era un hombre de refinada cultura artística y se le considera maestro de la novela nacional. «Don Segundo Sombra» obtuvo un éxito rotundo por ser trasunto fiel de la vida de la pampa. El protagonista es un muchacho que cuenta su historia salpicada de vicisitudes, en el desierto, en lucha constante contra la adversidad, como un Lazarillo gaucho. Supo pintar las costumbres con gracia y colorido. Hay estupendas descripciones sin que decaiga el interés argumental. Esta obra ha alcanzado en Buenos Aires cuatro ediciones y ha sido traducida por Marcel Auclair al francés y publicada en París en 1932. Otras obras son: «Cuentos de muerte y de sangre», «Rosaura», «Rauхо», «Хаmаiса» y «Seis relatos». En poesía: «Poemas místicos, poemas solitarios», traducción francesa de Valéry-Larbaud.
(Madrid, 1868 - 23 enero 1928)
Actriz española. Fué discípula de Teodora Lamadrid y debutó en 1885 en el teatro de la Princesa de Madrid, en la Compañía de Emilio Mario. Tuvo gran éxito y estrenó en el Español «Mancha que limpia», de Echegaray. Estuvo en París y trabajó junto a Sara Bernhardt y Coquelin. A su regreso pasó a ser primera actriz de la compañía en la que había debutado, trabajando en el teatro de la Comedia. Sus interpretaciones de «La loca de la casa», «La de San Quintin», de Pérez Galdós; «La Dolores», de Feliu y Codina: «María Rosa», de Guimerá; «Doña María la Breve», de Marquina, fueron verdaderas creaciones. Casó en 1896 con el aristócrata Fernando Díaz de Mendoza, formando ambos Compañía propia que se dedicó a exaltar el repertorio clásico español y a dignificar nuestra escena. Hizo varias jiras artísticas a América, en especial a la Argentina, donde con su esfuerzo e iniciativa edificó el soberbio teatro «Cervantes>> de Buenos Aires. Su estilo fué siempre distinguido, sincero, sobrio, con magnífica dicción, y en su repertorio figuraron más de 150 obras antiguas, modernas, nacionales, extranjeras y de los más variados temas y tendencias.
(Candía, isla de Creta, 1541 - Toledo, 7 abril 1614)
Pintor cretense; educado en su patria, hacia los veinte años de su edad pasó a Venecia, a cuyo estado pertenecía Creta desde el siglo XIII, y donde florecía una escuela de pintura que contaba con valores como Tintoretto, Veronés y Ticiano. De todos ellos aprendió los secretos de su rica paleta y un color luminoso y pagano. Mas las inquietudes de su espíritu no se avenían con ese estilo y así vino a España, instalándose en Toledo, cuyo ambiente de profundo misticismo tan densamente había de influir en su obra y en su arte. Al venir a España, su genio, ya desarrollado, busca con afán soluciones propias y así se aleja de los calientes tonos venecianos, busca una nueva técnica y logra atrevidos efectos de luz, con lo que llega ala completa originalidad. Limitándonos a sus obras capitales, citaremos el «Espolio», que se puede admirar en la sacristía de la Catedral de Toledo, «El entierro del Conde de Orgaz», en la iglesia de Santo Tomé de la misma capital, obra definitiva que refleja el espíritu de la España del siglo XVI. Al mismo tiempo que obras religiosas, nos ha dejado excelentes retratos, como el del «Beato Juan de Avila», el del «Gran Inquisidor Niño de Guevara» y el del «Caballero de la mano en el pecho», símbolo de la España de Felipe II. Apenas comprendido mientras vivió, sólo modernamente su obra ha sido valorizada en su amplitud. La tesis de su astigmatismo ha sido abandonada por anticientífica el alargamiento de algunos rostros, figuras y manos sólo al genio puede atribuirse. No formó escuela; su obra es personalísima y llena de genial independencia.