(Reus, 11 junio 1838 - Roma, 21 noviembre 1874)
Pintor español. Fué discípulo, en Reus, de Domingo Soberano, y, en Barcelona, de Talarn y Lorenzale. Frecuentó la Academia de Bellas Artes y sus disposiciones le valieron una pensión de la Diputación Provincial para estudiar en Roma en 1858. En esta última ciudad fué discípulo de Overbeck. En 1860 fué encargado por la Diputación Provincial de la ejecución de un cuadro sobre «La batalla de Tetuán» y a tal fin se trasladó a África, que le impresionó en gran manera. Residió sucesivamente en París, Granada, Nápoles y Roma. Alcanzó extraordinaria fama por sus cuadros, de gran minuciosidad y colorido, sobresaliendo entre todos «La Vicaria» que se conserva en el Museo de Barcelona. Otras obras son: «La elección de modelo», «El Patio de la Mezquita», «La Sala de los Abencerrajes», «El coleccionador de estampas» y «El jardín de los poetas». Produjo también muchos grabados. En su obra se distinguen cuatro períodos: primero sigue la dirección tradicional; en segundo lugar, de 1860 a 1865, se expresó en estilo personal; hasta 1870 buscó nuevos efectos de colorido, y, desde esta fecha hasta su muerte, es su período de plenitud.
(Ruan, 12 diciembre 1821 - Croisset, 8 mayo 1880)
Iniciador del realismo naturalista francés, es uno de los más admirables novelistas franceses, por su prosa impecable, sobria, trabajada y armoniosa. Estudió Humanidades en su ciudad natal, trasladóse luego a París para cursar Leyes. Su fortuna le permitió viajar por Grecia, Siria, Egipto, fijando después su residencia en su finca de Croisset donde escribió la mayor parte de sus novelas, finca que se convirtió en Museo después de su muerte y en lugar de peregrinaciones literarias. En 1857 publicó «Madame Bovary», sencilla y enervante historia de una mujer incomprendida y sentimental, obra que le proporcionó una fama repentina, mezcla de disgustos y procesos. En 1862 aparece «Salammbo», y posteriormente «La educación sentimental» (1869), «La tentación de San Antonio» (1874). Después de su muerte se publicaron: «Bouvard y Pécuchet» (1885) y *Correspondencia» (1887-1893).
(Atenas, siglo V a. de J.C.)
Escultor griego y el artista más grande de Grecia. Parece ser que empezó su carrera como pintor, fundidor, orfebre y grabador de metal, oficios en los que sobresalió. Se dice que estudió en Argos y fué condiscípulo de Mirón y Policleto; su primera obra es una «Atenea» de oro y marfil para la ciudad de Pelena; más tarde hizo la «Atenea Promachos» de la Acrópolis, de unos veinticuatro metros, con el pedestal, y seis «Ateneas» más. Bajo el gobierno de Pericles se erigió el «Partenón», en el que Fidias hizo o dirigió ambos frontones, las 92 metopas de la cornisa exterior y el friso que rodeaba la nave, con un total de 300 metros de largo por uno de altura media. El frontón oriental representa el nacimiento de Atenea; el occidental, la disputa entre ésta y Poseidón para apoderarse de Grecia. El friso representa las ceremonias religiosas de las grandes panateneas. En sus múltiples figuras, palpita la vida con toda su magnificencia. Otra obra notabilísima es el «Júpiter Olímpico», de oro, marfil, ébano y piedras preciosas. Hay opiniones contradictorias respecto a la muerte de Fidias, pues mientras unos creen que murió en el destierro y envenenado, otros opinan que la muerte le sobrevino en plena gloria y respeto.
(Sevilla, 24 diciembre 1796 - 7 abril 1877)
Novelista española, llamada Cecilia Böhl de Faber, hija de don Nicolás Böhl de Faber, comerciante hamburgués establecido en Cádiz. Casó con el capitán Antonio Planells, con quien se trasladó a Puerto Rico; enviudó y casó nuevamente con el marqués de Arco Hermoso. Viuda de nuevo, casó en terceras nupcias con don Antonio Arrom de Ayala. Tenía gran afición a las narraciones del pueblo: recogió dichos, refranes, cantares, cuentos, algunos de los cuales utilizó más adelante como argumento de sus novelas. Redactó en francés «La Gaviota» con el deseo de publicarla en alguna revista ultrapirenaica, pero el editor se opuso a su publicación en francés y se aprestó a traducir la obra, que había de ver la luz en «El Heraldo» de Madrid, con su seudónimo. Esta novela produjo sorpresa: era la narración de escenas sencillas y familiares. Otras obras: «La familia Albareda», «Clemencia», «Un servilón y un liberalito». «Cuentos y poesías populares andaluces», etcétera.