(Tomis de Estiria, 370 - Cosenza, Calabria, 410)
Rey visigodo. Ambicioso de poder, en el año 395 se dirigió a Constantinopla, penetrando en Grecia por el desfiladero de las Termópilas. Saqueó y devastó cuanto halló a su paso, incluyendo Atenas y todo el Peloponeso. Decidido a invadir Italia, emprendió su conquista el 18 de noviembre del año 401. En febrero, atacó Rávena, siendo rechazado y derrotado más tarde, fue obligado a retirarse. Por segunda vez intentó invadir Italia, presentándose frente a las puertas de Roma en el año 408. Los romanos compraron su libertad con crecido tributo, y Alarico se retiró a Toscana, esperando refuerzos. De nuevo se dirigió a Roma, en el año 409 y ocupó el puerto de Ostia. Atacó a Roma, de la que le abrieron las puertas unos esclavos y durante tres días autorizó el saqueo. La ciudad fue pasto del incendio y la muerte, excepto los templos de San Pedro y San Pablo. A los seis días, se dirigió al sur de Italia. Su botín lo constituyeron 800 carros cargados de tesoros. Le sorprendió la muerte en Calabria, cuando preparaba sus ejércitos para desembarcar en África.
(Itálica, 26 enero año 76 - Baïes, 10 de julio 138)
Emperador romano, español, originario de Itálica, sucedió a su tío Trajano. A las cualidades de general y gobernante que éste poseía, añadía un espíritu cultivado y un refinado gusto artístico. Conocía la lengua griega igual que la latina y era un enamorado de las cosas nobles y elevadas del espíritu. Adriano recorrió todo el imperio, escoltado de un ejército de constructores, restaurando monumentos, mereciendo el título de renovador del mundo. De 121 a 126 recorrió la Galia, Bretaña y España; embarcó para Asia Menor, visitó Troya, llegó hasta el Eúfrates y se detuvo largo tiempo en Atenas. Magnífica obra militar de este emperador viajero, fue la fijación de fronteras con exacta visión de lo que era posible y útil. Sofocó un levantamiento de los judíos, prohibiéndoles la entrada en Jerusalén, lo que dió origen a una nueva dispersión del elemento semita.
(Córdoba, 7 enero 891 - 961)
Primer califa de la España musulmana. Por sus venas corría sangre vascona por línea materna. Mantuvo constantes luchas con los rebeldes de su reino, derrotando a los Banu Hachchach y a Omar Ben Hasssum, señor de Bobastro. Sus ejércitos se enfrentaron con los cristianos, en San Esteban de Gormaz, Val Junquera, Madrid, Talavera, Zamora, en los márgenes del Pisuerga y cerca de Osma. Batalló contra Ordoño II, Sancho de Navarra, Ramiro II y Fernán González de Castilla, saliendo ora vencedor, ora vencido, según las batallas. En una audaz incursión, los cristianos consiguieron llegar a una jornada de Córdoba. En África, conquistó la región comprendida entre Fez y el mar, y Túnez. Fué un califa bondadoso, prudente, amable y culto. Ordenó construir maravillosos monumentos, alcázares como el de Medinat-al Zahara, mezquitas, baños y canales de riego. En Córdoba, el Patio de los Naranjos. Prosperaron las ciencias y las artes. Desarrolló la industria y el comercio. Durante su califato se creó en Córdoba la primera Academia de Medicina de Europa.
Uno de los principales objetivos de Abd-al-Rahman III fue la unificación del territorio musulmán en la península ibérica. Para ello, emprendió una serie de campañas militares contra los reinos cristianos del norte, logrando expandir considerablemente el emirato de Córdoba. Además, consolidó su control sobre los territorios musulmanes del sur de la península, poniendo fin a las rebeliones internas y a las incursiones de los normandos.
Bajo el reinado de Abd-al-Rahman III, Al-Andalus alcanzó un gran esplendor cultural y económico. La ciudad de Córdoba se convirtió en un centro intelectual y artístico de primer orden, atrayendo a poetas, científicos, filósofos y artistas de todo el mundo musulmán. Se construyeron numerosas obras arquitectónicas monumentales, como la Mezquita de Córdoba, que se convirtió en uno de los símbolos más emblemáticos del Islam en la península ibérica.
En el año 929, Abd-al-Rahman III se proclamó califa, rompiendo con la dependencia del califato abasí de Bagdad y estableciendo un califato independiente en Al-Andalus. Este hecho supuso un hito histórico y un reconocimiento del poder y la importancia del emirato de Córdoba.
Abd-al-Rahman III falleció en Córdoba en el año 961, dejando un legado de unidad, prosperidad cultural y poderío militar. Su reinado marcó el apogeo del Islam en la península ibérica y sentó las bases para el desarrollo cultural y económico de Al-Andalus durante los siglos posteriores.
(Campo de Damasco, 731 - Córdoba, 30 de septiembre 788)
Primer emir independiente de Damasco, en España. Perteneciente a la familia de los Omeyas, al ser exterminados casi todos los miembros de ésta, por los abbasidas, huyó a Siria. Decidido a aprovecharse de las luchas entre abdaritas y musulmanes en Andalucía, y después de derrotar a Yusuf, emir en España, consiguió la soberanía de las tribus musulmanas españolas. Su emirato fue una constante lucha contra los que pretendían arrebatarle el poder, Yusuf, Hixem ben Adra, Al-Mansur y Abd-Gafir, con los que se enfrentó en casi todos los lugares de España. Fue moderado y clemente en sus triunfos y concedió seguridad a los cristianos. Autorizó el matrimonio entre éstos y los musulmanes, y comenzó la construcción de la mezquita de Córdoba, a la que embelleció con jardines y monumentos, rivalizando con Bagdag en hermosura. Levantó escuelas y hospitales y amparó el cultivo de las letras. Por sus cualidades, el arzobispo Don Rodrigo llamóle "El justo".