(Durnfermline, Escocia, 1835 Lenox, Mass., 1919)
Financiero americano. Hijo de un escocés emigrado a los Estados Unidos. Empezó como bobinador en una hilatura; después fué telegrafista y luego administrador de la Compañía de Ferrocarriles. Interesado por la metalurgia creó en Pittsburgo varias sociedades de minas, fundiciones, líneas de ferrocarril y de barcos, llegando a ser «el rey del acero». En 1901 vendió sus acciones a Pierpont-Morgan y Rockefeller, consagrándose a obras filantrópicas, fundando varias instituciones, Bibliotecas, Museos, Centros de Investigación. Son mundialmente famosos los premios Carnegie dados por estas instituciones a artistas y hombres de ciencia.
(Madrid, 20 enero 1716 14 diciembre 1788)
Al morir Fernando VI sin sucesión, su hermano Carlos, que reinaba en Nápoles, ciñó la corona de España, dejando aquel reino en manos de su hijo Fernando. En los comienzos de su reinado, Carlos III prosiguió la política filofrancesa de sus antecesores, firmando el llamado Pacto de familia, de carácter ofensivo y defensivo, con el rey de Francia. Esa alianza tuvo fatales resultados para España, ya que atrajo la agresión inglesa hacia nuestras colonias americanas. Inglaterra persiguió nuestro comercio marítimo y se apoderó, por algún tiempo, de La Habana y de Manila. En política interior, la actuación de Carlos III fué altamente progresiva, casi sin excepción: regularizó los tributos del Estado; favoreció el ahorro, con instituciones bancarias; fomentó el trabajo, construyendo grandes obras públicas; urbanizó y saneó las ciudades; protegió la cultura en todos los órdenes y reorganizó el Ejército y la Marina. Ayudáronle en esta labor hombres tan competentes como Esquilache, Floridablanca y el Conde de Aranda. A este último hay que achacar la expulsión de los jesuítas. Carlos III encarna a la perfección la idea de un «gobernante ilustrado», en boga por entonces en Europa: anhelante del bienestar social, y del progreso científico, cultural y económico de la nación.
(2 abril 742? Aix-la-Chapelle, 28 enero 814)
Rey de los Francos, que realizó uno de los más grandes destinos de la Historia: la unidad de la Europa occidental en un Imperio cristiano. Hijo de Pipino «el Breve» y de Berta, era un hombre de costumbres rudas, casi iletrado pero favorecedor de la cultura y con un alto sentido de su misión.
Su reinado fue una serie de conquistas. La Aquitania fue sometida en 769; a ella siguieron Baviera y Germania, cuya campaña duro treinta años. En la frontera oriental cruzó el Danubio, sometiendo a los avaros, bárbaros asiáticos. En España, sometida a la dominación musulmana, sufrió el único revés de sus campañas, al ser derrotado en el valle de Roncesvalles. Con el fin de dar mayores seguridades a los cristianos de Siria, mediante negociaciones con el califa de Bagdad Harum-el-Rashid, estableció el protectorado franco sobre los Santos Lugares.
En el terreno de la cultura, sus obras fueron fecundas. Instauró una liturgia uniforme y fomentó, en los talleres de manuscritos, la escritura carolingia que ha llegado hasta nosotros.
(Rennes, 29 abril 1837 Ixelles, 30 septiembre 1891)
General y político francés. Entró en la Academia militar, de SaintCyr en 1855. Estuvo en la guerra con Italia, en 1859, y en Cochinchina, en 1862. Se distinguió durante la guerra contra la Commune en 1870. Fué ministro de la Guerra en 1886. Su popularidad aumentó cuando supo contestar a los ataques de la prensa alemana, en el incidente de Schaebelé, que amenazó romper las relaciones entre Francia y Alemania. Pronto, no obstante, fué alejado del poder. Solicitado de nuevo por los patriotas, que le eligieron diputado, hubo de dimitir varias veces, no decidiéndose a dar el golpe de Estado. Amenazado de arresto, huyó a Bruselas. Se suicidó poco después de la muerte de su amante Mme, de Bonnemain.
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