(Panonia, 510/520 - Braga, 20 marzo 579)
Obispo de Tours. Fue primeramente soldado - época de la que se narra el hecho célebre de haber partido su capa para cubrir a un pobre -, y más tarde se ordenó presbítero, siendo nombrado Obispo de Tours en el año 374, ciudad a la que habían de trasladar su cuerpo y levantar la Basílica que lleva su nombre. En la nueva dignidad, no abandonó nunca su modestia y vida ejemplar, recorriendo varias veces la diócesis, sellando su paso con numerosos milagros. Por ello se le venera especialmente en Francia, donde son numerosísimas las ciudades y pueblos que le tienen por patrón. En la Basílica de Tours se le erigió una tumba, cuya conservación, encargada a una comunidad regular, dio origen al famoso cabildo de San Martín.
(Londres, 21 febrero 1801 - Egdbaston, 11 agosto 1890)
Fundador de la Congregación del Oratorio en Inglaterra y Cardenal de la Iglesia Católica. Hijo de padres calvinistas, fue educado en esta secta y fuée vicario de la Iglesia de Santa María, de Oxford. Fruto de sus luchas interiores por alcanzar la verdad, fundó el llamado «Movimiento de Oxford» y el «Tractarismo» con la publicación de «tracts» que eran escritos destinados a sacudir a la apatía religiosa. Era un orador y escritor brillante que desde posiciones completamente heterodoxas se fue acercando a la Iglesia Católica, hasta pedir el bautismo en 1845. Más tarde se ordenó sacerdote, entrando en el Oratorio de San Felipe Neri que llevó a Gran Bretaña. En 1879 fue nombrado cardenal por León XIII. Viajó varias veces a Roma y dedicó toda su cultura e inteligencia a la defensa de la Iglesia. Escribió: «Apología pro vita sua», «Idea de una Universidad», «Pérdida y ganancia», novela autobiográfica. Se le considera el iniciador de la llamada filosofía de la acción. Ejerció gran influencia en el pensamiento y la vida religiosa y eclesiástica, no sólo de Inglaterra, sino de otros países.
(Amiens, 1050 - Neufmontier, 2 julio 1115)
Se retiró para servir a Dios en la vida eremítica, después de enviudar, y en 1093 fue a Tierra Santa donde, conmovido por el deplorable estado a que se hallaban reducidos los cristianos, concibió el pensamiento de libertarlos. A este fin habló primero con Simeón, patriarca de Jerusalén, y se dirigió al Papa Urbano II, después de haber tenido un sueño en el que le pareció ver que Cristo le mandaba que predicara a los cristianos la necesidad de redimir los Santos Lugares. Aconsejado por el Papa, predicó una Cruzada por toda Europa convenciendo con su elocuencia a la multitud. Logró reunir un ejército de hombres, mujeres y niños que al grito de «¡ Dios lo quiere!» se lanzaron a la conquista. Godofredo de Bouillon le dió el mando de esta abigarrada multitud creyendo prudente alejarla de su ejército. Su abstinencia era extrema, comiendo sólo legumbres y pescado y bebiendo un poco de vino para sostener sus fuerzas. A pesar del entusiasmo que despertaba, era mal capitán y fracasó su empresa guerrera, permaneciendo en Jerusalén como vicario durante la ausencia del patriarca. Vuelto a Europa, terminada su misión, fundó el Monasterio de Neufmontier, que gobernó como prior hasta su muerte.
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