(Pontevedra, 1576 - Valladolid, 22 enero 1636)
Las primeras noticias sobre este escultor español aparecen en 1605. cuando por encargo de Felipe III trabajaba en el Cristo yacente del Palacio Real de Valladolid, que más tarde fué trasladado al convento de capuchinos de El Pardo y luego a la Parroquia del Buen Retiro de Madrid. En Valladolid fué discípulo de Francisco del Rincón, escultor de gran nervio, y de Valladolid hizo su patria adoptiva. Entre las figuras de los «Pasos» conservados en el Museo vallisoletano, es difícil precisar cuáles son debidas a Gregorio Hernández y cuáles a sus discípulos. Allí están el «Cristo de la Luz», «El Bautismo de Cristo», «Los Dos Ladrones», «La Piedad», etc. La característica de todas sus obras es la belleza ultraterrena. Conoció bien la anatomía humana, sin caer en exageraciones, sino depurando este conocimiento por un fino sentido artístico, profundamente religioso.
(Santiago de Cuba, 22 noviembre 1842 - Condé-sur-Vesgres, 3 octubre 1905)
Poeta francés de origen criollo; descendiente del conquistador Pedro de Heredia, su madre era francesa. En París estudió en la Escuela de Diplomática y asistía a tertulias literarias. Publicó sus primeros versos en la Revue de Paris y colaboró en otras varias. En pocos años alcanzó mucha fama y fundó un periódico: Le Parnasse. Publicó sus versos con el título de «Los Trofeos>> y fué elegido miembro de la Academia francesa. Su obra no es muy abundante, pero de gran calidad; cultivó principalmente sonetos. Tradujo al francés la «Historia de la Conquista de Nueva España», con sabios comentarios críticos y filológicos, tradujo también «Juan Soldado>> de Fernán Caballero y «La Monja Alférez». Editó «Las Bucólicas» de Virgilio.
(Mohrungen, 25 agosto 1744 - Weimar, 18 febrero 1803)
Pensador y literato alemán, cuyos escritos ejercieron gran influencia en el país. De origen humilde, se ocupó primeramente en trabajos manuales que fueron un obstáculo para su desarrollo intelectual, pero sus grandes dotes intelectuales que pronto se revelaron, le llevaron en 1764 a Riga, siendo colaborador de la escuela catedral, pasando luego a Lovaina, donde se le abrieron las puertas de los círculos más elevados, empezando ya a gozar de gran fama. Su brillante carrera literaria empezó con su escrito "Fragmentos sobre la nueva literatura alemana". Acompañó como predicador al príncipe heredero Pedro Federico Guillermo y después al Conde de Lippe. Con este motivo pasó un invierno en Estrasburgo, donde trabó amistad con Goethe, del que, andando el tiempo, había de ser consejero. Con su articulo «Osián y los cantos de los pueblos antiguos>> y otros posteriores, entró de lleno a formar parte de aquel movimiento literario que había de cristalizar en una poesía emanada de la vida. Aspiraba a una cátedra en Gotinga, cuando, por mediación de Goethe, fué nombrado para un alto cargo en Weimar. La intima relación de ambos escritores ejerció gran influencia en su desarrollo espiritual, con un activo intercambio de ideas. La figura de Herder se ha de considerar no sólo como poeta, sino como la de gran historiador de la civilización, filósofo, crítico fecundo y escritor de gran fondo. En su sepulcro de la iglesia municipal de Weimar, hay una inscripción que dice: «LUZ, AMOR, VIDA».
(Lisboa, 1810 - Valle de Lobos, 1877)
Polígrafo portugués, que protegido en sus primeros estudios literarios por la marquesa de Alorna, poetisa famosa, ingresó en la Academia de Ciencias asumiendo la dirección del Portugaliae Monumenta Historica. Por razón de este cargo recorrió numerosas bibliotecas y archivos y su competencia en bibliografía le valió el nombramiento de bibliotecario real de Ajuda. Debido a las influencias del medio y a la desorientación general de la época, toda su obra se resintió de los prejuicios liberales de 1834. Trabajador incansable, le dominó la pasión de la Historia y a pesar de las contradicciones de la fortuna, de la política y de sus numerosos y poderosos adversarios, consiguió realizar una obra de inestimable valor científico y literario. Si como poeta es mediano, ocupa en cambio el primer puesto como novelista e historiador. Entre sus novelas citaremos: «El monje del Cister», «El bobo», «Leyendas y narraciones», «Cartas sobre la historia de Portugal», joya de la historiografía portuguesa. Fiel a la causa liberal, es el gran renovador de la novela histórica en Portugal en el siglo XIX.
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