(2 abril 742? Aix-la-Chapelle, 28 enero 814)
Rey de los Francos, que realizó uno de los más grandes destinos de la Historia: la unidad de la Europa occidental en un Imperio cristiano. Hijo de Pipino «el Breve» y de Berta, era un hombre de costumbres rudas, casi iletrado pero favorecedor de la cultura y con un alto sentido de su misión.
Su reinado fue una serie de conquistas. La Aquitania fue sometida en 769; a ella siguieron Baviera y Germania, cuya campaña duro treinta años. En la frontera oriental cruzó el Danubio, sometiendo a los avaros, bárbaros asiáticos. En España, sometida a la dominación musulmana, sufrió el único revés de sus campañas, al ser derrotado en el valle de Roncesvalles. Con el fin de dar mayores seguridades a los cristianos de Siria, mediante negociaciones con el califa de Bagdad Harum-el-Rashid, estableció el protectorado franco sobre los Santos Lugares.
En el terreno de la cultura, sus obras fueron fecundas. Instauró una liturgia uniforme y fomentó, en los talleres de manuscritos, la escritura carolingia que ha llegado hasta nosotros.
(Madrid, 20 enero 1716 14 diciembre 1788)
Al morir Fernando VI sin sucesión, su hermano Carlos, que reinaba en Nápoles, ciñó la corona de España, dejando aquel reino en manos de su hijo Fernando. En los comienzos de su reinado, Carlos III prosiguió la política filofrancesa de sus antecesores, firmando el llamado Pacto de familia, de carácter ofensivo y defensivo, con el rey de Francia. Esa alianza tuvo fatales resultados para España, ya que atrajo la agresión inglesa hacia nuestras colonias americanas. Inglaterra persiguió nuestro comercio marítimo y se apoderó, por algún tiempo, de La Habana y de Manila. En política interior, la actuación de Carlos III fué altamente progresiva, casi sin excepción: regularizó los tributos del Estado; favoreció el ahorro, con instituciones bancarias; fomentó el trabajo, construyendo grandes obras públicas; urbanizó y saneó las ciudades; protegió la cultura en todos los órdenes y reorganizó el Ejército y la Marina. Ayudáronle en esta labor hombres tan competentes como Esquilache, Floridablanca y el Conde de Aranda. A este último hay que achacar la expulsión de los jesuítas. Carlos III encarna a la perfección la idea de un «gobernante ilustrado», en boga por entonces en Europa: anhelante del bienestar social, y del progreso científico, cultural y económico de la nación.
(Durnfermline, Escocia, 1835 Lenox, Mass., 1919)
Financiero americano. Hijo de un escocés emigrado a los Estados Unidos. Empezó como bobinador en una hilatura; después fué telegrafista y luego administrador de la Compañía de Ferrocarriles. Interesado por la metalurgia creó en Pittsburgo varias sociedades de minas, fundiciones, líneas de ferrocarril y de barcos, llegando a ser «el rey del acero». En 1901 vendió sus acciones a Pierpont-Morgan y Rockefeller, consagrándose a obras filantrópicas, fundando varias instituciones, Bibliotecas, Museos, Centros de Investigación. Son mundialmente famosos los premios Carnegie dados por estas instituciones a artistas y hombres de ciencia.
(Turín, 10 agosto 1810 - 6 junio 1861)
Político italiano. Hijo de un noble piamontés, entró en la Academia real militar de Turín. Hizo numerosos viajes al extranjero, pero se hizo sospechoso por su liberalismo. Creó la «Asociación agraria» y publicó estudios de economía. Fundó el periódico Il Risorgimento, apoyando la unidad italiana.
Fué ministro de Agricultura, Comercio y Finanzas, aplicando siempre el programa liberal (libertad de prensa y medidas contra las Congregaciones religiosas), preocupado sobre todo por la política extranjera y la unidad italiana. Buscó el apoyo de Francia contra Austria. Anexionó la Toscana y la Emilia, aplacando las iras de Napoleón III al ceder en cambio a los franceses la Saboya y Niza. Sostuvo la expedición de Garibaldi en Sicilia y Nápoles. Consiguió su ansiado anhelo de unidad cuando, el 14 de marzo de 1861, Victor Manuel II fué declarado rey de Italia.
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