(Casdemiro, Orense, 8 octubre 1676 - Oviedo, 26 diciembre 1764)
Polígrafo benedictino español. Ocupó la cátedra de Teología en la Universidad de Oviedo durante cuarenta años. Con el título de Teatro Crítico universal» publicó en ocho tomos una serie de disertaciones sobre muchas y variadas cuestiones científicas (Física, Matemáticas, Filología, etc.) y, más adelante, las «Cartas eruditas», estudios de carácter análogo a los anteriores. La figura de Feijoo destaca por su relieve vigoroso. Acuciado por su insaciable afán de saber, comprendió en seguida el atraso de la ciencia española. Su propósito esencial fué el de reincorporarnos a las formas universales de cultura. El amor a la verdad y el deseo de sembrar en los espíritus ideas nuevas y normas de conducta más humanas, fueron los motivos que le guiaron a escribir. Sus ensayos tienen un carácter enciclopédico y en algunos se dedica a combatir las supersticiones y errores vulgares. Es un espíritu investigador de la verdad y un excelente Religioso. Se ha dicho que Feijoo «es el creador, en castellano, del lenguaje científico».
(Berlín, 24 enero 1712 - Potsdam, 17 agosto 1786)
Rey de Prusia, de sobrenombre «el Grande», hijo de Federico Guillermo I, «el Rey Sargento», y de Sofia Dorotea de Hannover. Bajo sus aficiones literarias y musicales, encerraba Federico un genio de primer orden y únicamente tenía un deseo: el engrandecimiento de Prusia. Intervino en la Guerra de Sucesión austríaca, penetrando en Silesia y conquistándola rápidamente; pero al saber que potencias aliadas trataban de repartirse sus estados, dió comienzo a la Guerra de los Siete Años, en la que obtuvo victorias y derrotas sucesivas que le obligaron a restablecer las cosas al estado que tenían antes de la guerra, para dar a su reino una firme y sólida alianza en Europa. Administrador hábil, poeta, prosista, todas sus obras están escritas en francés: «Historia de mi tiempo», «Memorias de la Casa de Brandeburgo» y «De la Literatura Alemana, sus defectos, causas de ellos, y medios de corregirlos», etc. Bajo su reinado, Prusia, a pesar de su mediana población, pasó a ser una potencia de primer orden. Estadista extraordinario, conoció perfectamente el ejército, la burocracia y la administración de su patria, gracias al tesón y a los choques que tuvo con su padre, y fué, además, un rey culto, refinado, laborioso, que contribuyó al apogeo agrario e industrial del país. Dijo en su testamento: «He vivido como filósofo y quiero ser sepultado como tal».
(Parma, 1546 - Arrás, diciembre 1592)
Duque de Parma, fué el mejor general de su tiempo. Tomó parte en la batalla de Lepanto y, en 1577, marchó a los Países Bajos para sofocar la insurrección de los rebeldes flamencos. A la muerte de su tío Don Juan de Austria, fué nombrado por éste Gobernador de Flandes y Capitán general de su ejército, nombramiento que ratificó el propio Felipe II. La página más brillante de su vida militar fué el sitio y toma de la ciudad de Amberes, en 1585. Más tarde fué llamado a Francia para socorrer a los católicos sitiados en París, regresando por dos veces a los Países Bajos. De salud muy quebrantada, murió en Arrás a sus cuarenta y siete años: italiano por nacimiento, pero español por sus afecciones, con su muerte perdió España una de las más grandes figuras militares del siglo XVI.
(466 Arlés, 484)
Monarca visigodo, sucedió a su hermano Teodorico. Dotado de un gran talento legislador, guerrero y político, asienta los fundamentos de la grandeza del pueblo visigodo. Amplía sus territorios, apoderándose de toda España, excepto Galicia, parte de la Lusitania y parte meridional de la Galia, con las plazas de Arlés y Marsella. Su corte residía en Tolosa, Burdeos o Arlés y era una de las más influyentes de toda Europa. Unió, a su gloria de monarca, su gloria como literato, por haber redactado el primer código escrito de leyes, recopiladas bajo el nombre de <<Código de Eurico». Murió en Arlés, donde residía, y le sucedió su hijo Alarico.
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