(795 - Abadía de Prüm, 29 septiembre 855)
Emperador de Occidente, hijo primogénito de Ludovico Pio. Desde 814 gobernó Baviera; en 817, por reparto del Imperio, compartió éste con sus hermanos, y, después de su casamiento con Irmengarda de Tours, recibió Italia y en 822 la Corona imperial de manos del Papa. Desde esta fecha hasta 841 lucha por el poder contra su padre y hermanos, a favor de unos u otros según las circunstancias, hasta que, en esa fecha, por el Tratado de Verdún recibió, con la dignidad imperial e Italia, la Borgoña y las tierras situadas entre el Rin, el Mosa y el Escalda hasta el mar del Norte, con las dos capitales: Roma y Aquisgrán. En 848 fueron invadidas sus provincias italianas por los árabes, y los normandos saquearon las costas del mar del Norte. Dividió sus reinos entre sus tres hijos, dando a Luis II el imperio e Italia, a Lotario II la Austrasia, y a Carlos la Borgoña; y él se retiró como monje al Monasterio de Prüm, hasta su muerte.
(París, 18 enero 1641 - Versalles, 16 julio 1691)
Ministro de la Guerra de Luis XIV, desde 1668. Hombre sin corazón ni sentimientos, cínico, brutal y violento, fue incomparable como administrador, enérgico, hábil y extraordinariamente laborioso. Su mayor mérito fue la reorganización del ejército francés: introdujo el uso de la bayoneta y mejoró el reclutamiento y los ejercicios militares. Fomentó el afán de conquista del rey con sus consejos y llevó a cabo, con el mayor celo, las anexiones y los saqueos de Holanda y del Palatinado. Su carácter orgulloso le acarreó numerosos enemigos, y estando ya a punto de caer en desgracia murió repentinamente.
(Chasseneuil, 778 - Ingelheim, 20 junio 840)
Emperador de Occidente, hijo de Carlomagno y de Hildegarda. En 814 sucedió a su padre, y en Reims, en octubre de 816, fue coronado Emperador por el Papa Esteban IV. En el año 817 asoció a su hijo Lotario al Imperio y dio a Pipino la Aquitania y a Luis la Baviera. Casado en segundas nupcias, tuvo otro hijo, Carlos, que motivó otro reparto del Imperio, creándose para él un nuevo reino, el de Alemania. Este nuevo reparto motivó luchas sin fin entre sus hijos y entre éstos y él, unas veces en favor de uno, otras en favor de otro. A su muerte, sus estados quedaron en la mayor anarquía debido a su falta de energía, a pesar de que fue un rey bueno, justo y con buenas intenciones. No tenía afición a la guerra. Se ocupó especialmente de la reforma del clero, de los asuntos eclesiásticos, y de la administración de la Iglesia.
(Madrid, 25 agosto 1707 - 31 agosto 1724)
Rey de España, hijo de Felipe V y de M. Luisa de Saboya, fue apadrinado por el rey de Francia Luis XIV, en cuya representación vino a España el duque de Orleans. En 1709 fue proclamado Príncipe de Asturias, y en 21 de enero de 1722 casó con Luisa de Orleans, duquesa de Montpensier, que solo contaba doce años de edad. Por abdicación de su padre Felipe V, fue proclamado, rey el 9 de febrero de 1724, siendo muy bien recibido por el pueblo, pues era bueno e inteligente. A pesar de su abdicación, Felipe V no renunciaba a intervenir en los asuntos de Estado, de modo que el nuevo rey poco tenía que hacer, y, además, no demostraba grandes aficiones al gobierno. De hecho hubo, pues, dos Cortes: una en San Ildefonso, donde residía Felipe V con su esposa, y otra en Madrid. Su corto reinado de sólo seis meses no se significó por ningún acto digno de mención; los historiadores elogian la piedad y discreción del malogrado príncipe, si bien dejaba que los demás abusasen de su autoridad, preocupado por las costumbres licenciosas de su esposa. No pudo realizar las esperanzas que había hecho concebir.
Página 48 de 196