(Bourges, 1400 - Chio, 1456)
Financiero y comerciante francés; desde joven se dedicó al tráfico de especias con Siria, estableciéndose en Montpellier y fundando más de trescientas factorías en Levante. Sus especulaciones llamaron atención de Carlos VII de Francia, que le confió la fabricación de moneda y la administración de su Hacienda. Más tarde, se dedicó a la explotación de minas de plata, cobre y plomo. Prestó dinero a Carlos VII en ocasión de la campaña de Normandía, lo que suscitó la envidia de sus enemigos, que le acusaron: de haber envenenado a Agnes Sorel, de traficar con venenos, de vender armas a los infieles, y de prestar con usura. A pesar de la intervención del clero y del Papa, fue encarcelado, pero logró escaparse, y, después de varias vicisitudes, llegó a Roma. Cuando al mando de una flota intentó auxiliar a los griegos del archipiélago, enfermó y murió. Francia le debe la reforma de su sistema monetario.
(Cambridge, 1883 - Lilton, 1946)
Economista inglés que en 1906 entró al servicio del Estado en primer lugar en el Negociado de la India y en 1915 en Hacienda. Representó al ministro de Hacienda en las negociaciones de paz en Paris al terminar la primera Guerra mundial, pero abandonó su puesto por no estar conforme con las condiciones de paz. En la segunda Guerra mundial volvió a la Tesorería y ejerció gran influencia en el norteamericano Morgenthau en la conferencia económica de Bretton-Woods. Fue gobernador del Banco Monetario Internacional y del Banco de Reconstrucción. Aportó sus puntos de vista personales a la doctrina del Full Employment para suprimir el paro obrero. En 1945 fue gobernador del Banco de Inglaterra y como tal gestionó el empréstito de Estados Unidos a su país. Publicó numerosos artículos desde 1912 en The Economic Journal y escribió tres obras fundamentales: «Las consecuencias económicas de la paz» (1919), «El final del laissez-faire» (1926) y «Tratado sobre la moneda» (1929).
(Essen, 26 abril 1812 - 14 julio 1887)
Primer representante de una célebre familia alemana, creadora de la gran empresa siderúrgica de su nombre. En 1847 y siguiendo los trabajos de fundición que empezara su padre envió a Berlín el primer cañón de campaña de tres libras y en 1851 envió a Londres la mayor pieza de fundición conocida, un bloque de 2000 kilos. En las exposiciones de Munich (1854), París (1855), Londres (1862), y Paris (1867) presentó bloques de acero al crisol cada vez mayores, y cañones de mayor calibre. Se dedicó a la fabricación de rieles, ejes y muelles para los ferrocarriles, árboles y placas de calderas de grandes dimensiones para los buques, etc. Llegó a ser tanta la prosperidad de sus talleres, que, al morir el fundador, comprendían dos minas de hulla, más de 500 de hierro, varias fundiciones que producían aceros al crisol, Bessemer, Martin Siemens, Gilchrist y otros. Sus obreros alcanzaban el número de 21.000, y con sus familias formaban una comunidad de casi 75.000 personas que habitaban en viviendas pertenecientes a la casa Krupp, especialmente las ciudades obreras de Kronemberg y Schedernof, con bibliotecas, parques, Caja de socorros y de retiro, pensión para premiar los veinticinco años de servicio, etc. Hasta los setenta años de edad dirigió por sí mismo su empresa y en 1882 la dejó a su hijo Federico Alfredo Krupp.
(Besançon, 1862 - 1954 y 1864-1942)
Químicos e industriales franceses. Después determinados sus estudios fundaron en Lyon, en 1890, junto con su padre C. A. Lumiere, una fábrica de placas fotográficas; su nombre va unido al perfeccionamiento y popularización del cinematógrafo. El nacimiento «legal» de éste se verificó el 13 de febrero de 1895, fecha en que los hermanos Lumière lo inscribieron en la oficina de patentes. El 28 de marzo de aquel año, presentaron la primera película en la Sociedad de Fomento de la Industria nacional, que fue «La salida de los obreros de los Talleres Lumière»; el 12 de junio, presentaron su invento en el Congreso de las Sociedades Fotográficas; el 11 de julio, en la «Revista General de Ciencias»; el 10 de noviembre, en la Asociación de Fotógrafos Belgas; el 16 del mismo mes, en la Sorbona, y el 28 de diciembre se decidieron a darlo al público, sin sospechar que habían abierto una nueva era para los espectáculos. El primer «cine» estuvo instalado en el Salón Indio del Gran Café de París, siendo solamente de treinta y cinco el número de espectadores la primera noche, pero de dos mil a las tres semanas de inaugurado.
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